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Sabino de Arana y Goiri. Padre del nacionalismo Vasco. Prof. Luis Lúquez

Siempre resultará apasionante abordar la obra política de quien ha sido considerado por muchos investigadores como el quien provocara el despertar a la identidad vasca de los suyos.

Ha transcurrido poco más de un siglo de su desaparición física, no obstante, en el día, sus convicciones, cual brazo en alto, siguen marcando el derrotero del Euskadi por él soñado.

Amado y combatido en partes iguales por seguidores y detractores, recibió muchos años después de su muerte, las "consideraciones intelectuales" de distintos adversarios de fueste, entre ellos, don Miguel Unamuno, otro vasco de incalculable valor cultural que viviera distanciado de Sabino por cuestiones políticas que hacían al propio país.

 Vayamos a sus conceptos para mejor apreciar la obra de Sabino: "El ideal separatista es válido en sí mismo, como ideal. Se puede discutir la patria, es más debe discutírsela con la vehemencia que lo ha hecho este Sabino. Para él, todavía no ha llegado la hora del reconocimiento. En el hórrido Madrid se lo ha tomado en broma o con rabia y se le insultó sin conocérsele. Nadie conocía su obra, mucho menos su espíritu. Ha sido un visionario que su pueblo algún día reconocerá".

Cuando Sabino nació, Europa se debatía entre dos sistemas: las monarquías de origen divino, como rezagos de pasados que intentaban perdurar y los efectos, luego de la eclosión de la Revolución francesa.

Los políticos vascos de la época tomaban en consideración los conceptos barajados por Bela, Larramendi y Chaho. Ellos afirmaban sin rodeos que Euskadi conformaba, con sus seis o siete provincias, según se viera, un nación, con más razones que ninguna otra, aunque para los razonamientos precoces de Sabino, siendo niño, las ecuaciones no resultarían fáciles de digerir. Su padre, Santiago Arana, fue un poderoso empresario naviero, propietario junto a su hermano Andrés de los Astilleros "De la Salve y La Vega del Cimbo", que políticamente respondía a los carlistas bizkainos. De hecho, fue quien compró las armas en Inglaterra para posibilitar el frustrado alzamiento del noble Carlos María. Estas empresas darían paso, luego, a la futura Compañía Euskalduna de Construcción.

Cuando todo acabara mal para los carlistas, en el año 1876, Carlos cruzará la frontera para no retornar jamás, quedando la familia Arana expuesta a persecusiones y por supuesto, el exilio fue la única salida que Santiago Arana contempló en aras de salvar a su familia. Sabino tuvo tres hermanas y dos hermanos, todos nacidos en la villa de Abando. Tan sólo tres años tenía Sabino cuando la familia inició el largo camino del exilio con destino final a Baiona. La primera parte del viaje los llevó hasta Bergara, donde los carlistas eran dueños de la situación, pero al llegar a Rentería fueron advertidos de los peligros que acechaban camino al norte. Finalmente, tras diversas peripecias que incluyeron un regreso a San Sebastián, llegaron al Iparralde.

Sus primeros estudios los realizó en el Colegio San Luis de Gonzaga, en Baiona. Sus primeros encontronazos los tuvo con sus propios compañeros (a los que consideraba franceses), un idioma que rechazaba y curas demasiados estrictos en las normativos del colegio.

Los curas, en sí mismo, contribuyeron a la confusión de Sabino, puesto no se consideraban vascos, sino franceses. Mientras Sabino crecía y estudiaba en Baiona, en Bizkaia tendrá lugar la cruenta batalla de Somorrostro, decisiva para los intereses de su padre. la derrota obligaría a Santiago Arana a exiliarse definitivamente lejos de su terruño. Muchos años debieron pasar para que los Araña pudiesen retornar a Bilbao. Junto a su hermano Luis fueron destinados al internado de Santa María de la Antigua de la villa de Orduña. Este instituto contribuirá en mucho a la formación espiritual de Sabino, quien se transformará en católico a ultranza.

No la pasaría bien en dicho colegio, regido por padres jesuitas, a pesar de la influencia que su familia poseía y la protección que siempre le diera su hermano Luis. No se daba con sus compañeros ni era dado a los juegos que éstos practicaban. Su personalidad lo llevaba a mostrarse independiente, introvertido, solitario e inexpugnable. Tenía apenas diez años cuando su madre, en solitario, pues su esposo regresaba por las noches, cada tanto, decidió internarlos. Su biógrafo Basaldúa confirmaría luego que mucho pesó en Sabino el desarraigo. Mucho le costó compartir con desconocidos la misma mesa, la misma habitación, el mismo patio, sin querer hablar con nadie, salvo su hermano Luis.

Jamás comprendió a su padre, quizás, porque no tuvo trato. Mientras él crecía, su padre escapaba de los adversarios. Todo lo que supo de él se lo contaría su madre, y de a poco, como si hubiera querido protegerlo. Alguna vez le habló de la enfermedad que lo aquejaba, producto de los continuos viajes realizados en carruajes. La derrota de los carlistas marcaría a fuego a Sabino, sobretodo cuando los propios compañeros lo tildaran de traidor y conspirador.

Las continuas acusaciones potenciaron el aislamiento de Sabino, que sólo procuraba realizar ejercicios físicos en solitario. Destacó en materias como Fisiología e Higiene, provocando en los curas el convencimiento que estudiaría Medicina. Se destacó en la escritura de textos para teatro, pero siempre se negó a actuar. Alumno distinguido por su inteligencia llegó a lucir el galón edil en el ojal, lazo que equivalía a un premio por buena conducta u óptimos estudios.

Los documentos familiares indican que tuvo mala relación con los curas jesuitas, salvo con el Padre Mendía, con quien se carteará años más tarde, cerca ya de morir:

"Hace veintidos años que salí de ese colegio, pero nunca me olvidé de usted, Padre Mendía. Usted fue el único que me comprendió en aquel tremendo juicio que contra mí se había levantado, llenándome de congoja el alma. Algunos Padres me tildaron de conspirador, otros no estaban convencido, pero usted fue el único que me declaró inocente. Cuando le llamó a su cuarto y me dijo: "Vete en paz, reconozco tu inocencia". Gracias a usted pude finalizar el Bachiller".

La obra política de Sabino mal podría agotarse en una sola nota mensual, por tanto, será ésta la primera de una saga que creemos imprescindible editar para la mejor comprensión de un idealista que con sus neologismos le dio a la sociedad vasca una identidad por siglos demorada incomprensiblemente...

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